Se levanto
sobresaltado, ese sueño lo perseguía desde hacía meses.
Sentado en la cama se
pregunto que significaría.
No quiso darle muchas
más vueltas, empezó su rutina diaria.
Después de ducharse y
vestirse, bajo al comedor.
Allí estaban sus chicos,
esas personas con las que llevaba meses compartiendo su vida.
-
“Buenos días mi
sargento”
-
“Buenos días a todos”
Terminado el desayuno
automáticamente sus pies le llevaron a cubierta, a fumarse ese cigarro que ya
necesitaba.
Miro al horizonte,
viendo como empezaba la vida, como ese sol empezaba a ganarle terreno a la
oscuridad.
Pensó en ella, la
echaba de menos.
Era mucho tiempo
rodeado de agua, era su vida, pero a veces pesaba demasiado.
Como seria tenerla a
ella al lado, rodearla con sus brazos, sentir su calor, besarla en el cuello
mientras su olor se le mete dentro.
Tanto tiempo sin sentir
su piel bajo sus manos, el calor de su mirada, su dulce sonrisa, esa que
siempre le acompaña en el recuerdo.
-
“Buenos días amor”
Se levanto con sueño
todavía, últimamente no dormía bien.
Su lado de la cama
estaba vacío y lo echaba muchísimo de menos.
Se dio la vuelta
abrazando a esa almohada donde él tantas veces había apoyado su cabeza.
Imagino que estaba ahí,
sonrió, su mirada se le clavaba en el alma, esa mirada triste que siempre
tenía, pero llena de amor hacia ella.
Tenía que levantarse lo
hizo obligada, se pasaría el día ahí, recordando sus caricias, sus besos
apasionados, pero no podía ser.
Fue directa a la
cocina, cogió un cigarrillo y miro por la ventana como el sol había ganado la
partida un día más a la oscuridad de la noche.
Miro al mar, ese que
tanta paz le daba.
Ese que le quitaba su
amor.
Cerro lo ojos y pudo
sentir sus brazos alrededor, su calor, sus besos mientras apretaba su cuerpo
contra el suyo.
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