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"La pluma es la lengua del alma"



Miguél de Cervantes



viernes, 17 de enero de 2014

marinero


Se levanto sobresaltado, ese sueño lo perseguía desde hacía meses.

Sentado en la cama se pregunto que significaría.

No quiso darle muchas más vueltas, empezó su rutina diaria.

Después de ducharse y vestirse, bajo al comedor.

Allí estaban sus chicos, esas personas con las que llevaba meses compartiendo su vida.

-         “Buenos días mi sargento”

-         “Buenos días a todos”

Terminado el desayuno automáticamente sus pies le llevaron a cubierta, a fumarse ese cigarro que ya necesitaba.

Miro al horizonte, viendo como empezaba la vida, como ese sol empezaba a ganarle terreno a la oscuridad.

Pensó en ella, la echaba de menos.

Era mucho tiempo rodeado de agua, era su vida, pero a veces pesaba demasiado.

Como seria tenerla a ella al lado, rodearla con sus brazos, sentir su calor, besarla en el cuello mientras su olor se le mete dentro.

Tanto tiempo sin sentir su piel bajo sus manos, el calor de su mirada, su dulce sonrisa, esa que siempre le acompaña en el recuerdo.

-         “Buenos días amor”

Se levanto con sueño todavía, últimamente no dormía bien.

Su lado de la cama estaba vacío y lo echaba muchísimo de menos.

Se dio la vuelta abrazando a esa almohada donde él tantas veces había apoyado su cabeza.

Imagino que estaba ahí, sonrió, su mirada se le clavaba en el alma, esa mirada triste que siempre tenía, pero llena de amor hacia ella.

Tenía que levantarse lo hizo obligada, se pasaría el día ahí, recordando sus caricias, sus besos apasionados, pero no podía ser.

Fue directa a la cocina, cogió un cigarrillo y miro por la ventana como el sol había ganado la partida un día más a la oscuridad de la noche.

Miro al mar, ese que tanta paz le daba.

Ese que le quitaba su amor.

Cerro lo ojos y pudo sentir sus brazos alrededor, su calor, sus besos mientras apretaba su cuerpo contra el suyo.


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