Hay momentos en esta vida en que las personas a las que más queremos sufren nuestra ira, nuestra indiferencia, nuestra rabia y todo lo malo que en ese momento sentimos.
Hay momentos en esta vida en que a la persona que mas queremos la apuñalamos sin pararnos a pensar en las grandes heridas que le estamos causando, y todo esto por qué?
Hay momentos en esta vida en los que nos damos cuenta que esas heridas o las curamos bien o quedaran cicatrices.
Hay momentos en esta vida en los que estamos tan asustados por miedo a que esas cicatrices sean demasiado profundas, que no podemos dejar de sentirnos mas y mas pequeños, mas y mas querríamos serlo para poder desaparecer por un solo instante, para poder volver atrás y que nada hubiera pasado.
Hay momentos en esta vida en que si pudiéramos volver atrás abrazaríamos a esa persona, nos perderíamos en sus brazos, buscaríamos esos labios que tanto amamos y una noche más, con su recuerdo en la mente, el corazón y el cuerpo, dormiríamos con una sonrisa en los labios
Hay momentos en esta vida en que nos merecemos la falta de sueño, los dolores de cabeza y el dolor de corazón por habernos comportado como verdaderos capullos.
Hay momentos en esta vida en que a la persona que mas queremos la apuñalamos sin pararnos a pensar en las grandes heridas que le estamos causando, y todo esto por qué?
Hay momentos en esta vida en los que nos damos cuenta que esas heridas o las curamos bien o quedaran cicatrices.
Hay momentos en esta vida en los que estamos tan asustados por miedo a que esas cicatrices sean demasiado profundas, que no podemos dejar de sentirnos mas y mas pequeños, mas y mas querríamos serlo para poder desaparecer por un solo instante, para poder volver atrás y que nada hubiera pasado.
Hay momentos en esta vida en que si pudiéramos volver atrás abrazaríamos a esa persona, nos perderíamos en sus brazos, buscaríamos esos labios que tanto amamos y una noche más, con su recuerdo en la mente, el corazón y el cuerpo, dormiríamos con una sonrisa en los labios
Hay momentos en esta vida en que nos merecemos la falta de sueño, los dolores de cabeza y el dolor de corazón por habernos comportado como verdaderos capullos.
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