Voy paseando por la calle Preciados, llego a la esquina con el FNAC, allí donde Oscar se compra esos perritos calientes, que le parece deberían llevar dos salchichas.
Cosas de niños, pero que lleva razón, mucho pan y poca chicha.
El caso es que me quedo loca, esa es la palabra, hay una fila increíble, llega hasta la esquina de la Plaza de Callao, increíble ver a toda esa gente a cero grados esperando en la calle su turno para comprar un décimo en Doña Manolita.
Veo a muchísima gente joven, muy joven, quizás comprando para las abuelas o las mamis que no pueden, pero año tras año, pienso lo mismo, en serio la gente pasa frío por un décimo en una administración famosa?
Claro que no sé porque me pregunto eso, si lo veo con mis propios ojos.
Al igual que veo cientos o mejor miles de personas haciendo lo mismo, Plaza Mayor: compra peluca, compra figurita para el belén, compra cigarros que explotan, o eso ya no se vende?
Después corre a cortilandia que cada media hora hay “función”.
Y todos, incluida yo, con mis sobrinos, cantando el famoso cortilandia:
“cortilandia, cortilandia vamos todos a cantar…….”
“cortilandia, cortilandia vamos todos a cantar…….”
Después chocolatito caliente, menos mal que hemos descubierto un sitio, donde el chocolate es chocolate, vamos como el de nuestras abuelas y los churritos recién hechos, ahí en la terracita, eso sí, con sus estufas que si no nos quedamos pajaritos.
Aun así aguantamos estoicamente que los pies se nos queden helados mientras nos quemamos la cabeza, que le vamos a hacer, todo sea por la tradición
Como digo a mi hermana que no venga a la plaza mayor?, imposible!!!!!!
Su figurita de este año la quiere, para ese Belén que ya se nos sale del salón, que no sabemos si hacerlo en dos pisos o en tres, y eso que la figuras son pequeñitas, que sino tendríamos que salirnos nosotros de casa.
Eso sí, es precioso tengo que reconocerlo, y después de tantos años no va a dejarlo ahora.
Los niños, los gorros, bufandas, el frio en los pies, las orejas que se nos caen a trozos, lo de siempre.
Bob esponja, Dora, o la cabra de colores, lo de siempre pero que hay que ver porque es el puente de diciembre y si te quedas en Madrid es para eso.
Este año hay un tío vivo en la Plaza Mayor, precioso, pero si quieres montar al niño, tienes que estar una hora en la cola, nada, se queda sin montar viendo las pompas de jabón que hace el señor de al lado.
Uhmmmmmm nos llega el olor de nuestros típicos bocadillos de calamares, vamos “pa ya”
Como no? Pedazo de cola para poder pedir el delicioso bocadillo, y esa cañita que ya nos hace falta.
Pero no íbamos al chocolate? Si claro pero para el postre.
Después de todo esto, se cuenta rápido, pero han pasado horas y horas, llegamos a casa.
Que gustito, que calentito se está, que bien mi pijama, mi sofá.
Suena el teléfono.
-Oye que te parece si mañana quedamos y vamos a la Plaza Mayor?
NOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!!!!!!
Que sepáis que llegara mañana y volveré a la plaza mayor, si es que me va el rollo, no sé decir que no, todo sea por un bocadillo de calamares.
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